ADIÓS AL APARTHEID GRACIAS A MANDELA Y AL RUGBY
Nelson Mandela (Mvezo, Sudáfrica, 1918). El deporte en sí no deja de ser un guiño a lo que fue el paso definitivo de la desaparición del Apartheid gracias a un simple encuentro de rugby. El escritor John Carlin (Londres, 1956) en El factor humano ya lo deja claro en su subtítulo: “Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación”. El fútbol era el deporte de los negros y el rugby de los blancos. En la final del Mundial de Sudáfrica (1995) los anfitriones, ante la gran favorita Nueva Zelanda, sólo tenían un jugador negro, Chester Williams (Paarl, 1970) mientras que el 90% de la población eran negros.Hasta esa fecha, los aficionados negros celebraban las derrotas de su selección de rugby mientras jugaban al fútbol, su deporte preferido. Mandela logra que, “los 43 millones de sudafricanos, blancos, negros y de todos los matices, compartían la misma aspiración: la victoria de su equipo, los Springboks”.[1] El 95% de los espectadores eran blancos y el presidente negro. Un gesto simbólico que cambiará el país: se podía interpretar como una provocación, se exponía a un atentado y un resultado negativo podría empeorar la situación del país.
Durante sus años de cautiverio, Mandela ya había utilizado estratégicamente el rugby para acercarse a sus enemigos que estaban en el poder e ir ganando terreno. Se hizo aficionado a este deporte por intereses políticos y le dio resultado. Aquel partido era una prueba de fuego, todo cargado de un simbolismo que podía herir la sensibilidad de unos y de otros, a razón de su color de piel. Con las connotaciones políticas tan marcadas cualquier detalle podía desencadenar una nueva tormenta política.
Se puede asegurar que nunca hubo un partido en ningún deporte que tuviera un influjo tan importante contra el racismo. Es el mejor ejemplo de cómo el deporte puede unir a blancos y negros. Aquella final de la Copa del Mundo de Sudáfrica (1995) fue la prueba definitiva de la desaparición del Apartheid después de 50 años de odio racial, gracias a la capacidad de Mandela de seducir al “enemigo” blanco, utilizando su deporte preferido, para sellar la paz con su pueblo negro. Lo consiguió llegando al corazón de los sudafricanos a través del deporte y es que fundirse en abrazos, blancos y negros, era algo impensable meses atrás. Un milagro posible gracias a un partido de rugby.
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