El último charco de Anelka
Los símbolos
neonazis se asocian a los radicales que exhiben pancartas y banderas y
apuntamos a los ultras cuando hay insultos o cánticos racistas. Se suele
encontrar al culpable en la grada pero, a veces, el futbolista no es la víctima
y sí el agitador como en el caso de Anelka. Por ejemplo, Di Canio celebró su
gol ante la Roma haciendo el saludo nazi en un gesto cómplice con los radicales
de la Lazio en 2005. Una provocación que repitió al año siguiente en Livorno;
Mauro Zárate le imitó en un partido ante el Bari y fue sancionado con 10.000
euros; Christian Abbiati, ex portero del Atlético, confesó en La Gazzeta dello Sport su simpatía por
el fascismo. En Italia, por tanto, el asunto les suena.
El gesto de
Anelka menos explícito se presta a interpretaciones hasta que un comité ha
determinado que es una “quenelle”, símbolo antisemita que se ha castigado con
una sanción de cinco partidos. Anelka no se disculpa, insiste que no es racista
y ha encontrado un aliado, el presidente del Consejo de Representantes de las Comunidades
Judías Francesas, Roger Cukierman, que dice que si el gesto no se hace delante
de una sinagoga o un monumento al Holocausto no es delito. Le haría dos
preguntas al experto francés ¿qué necesidad hay de herir susceptibilidades
cuando los jugadores son un espejo donde se miran los niños que absorben lo que
ven en sus ídolos, lo bueno y lo malo? y ¿por qué la gravedad radica en el
lugar donde se haga el gesto? Nicolás es dudoso, es un especialista en meterse
en charcos no es la primera sanción ni su última polémica.
Ya saben que
la cruzada contra el racismo en la Premier
es una realidad, que se lo digan a Luis Suárez o John Terry. Los ingleses no
son más listos ni más buenos, simplemente sufrieron mucho antes el problema y
en consecuencia, antes se pusieron a trabajar para combatirlo. Y la sanción
ejemplar es una de las medidas más efectivas y la FA lo lleva a rajatabla. Hay
que subrayar que Anelka no ha encontrado tanto consuelo en su país y la ministra
Valerie Fourneyron lo calificó como “provocación asquerosa” y lejos de disculpar
al internacional francés ha convertido la “quenelle” en un asunto de Estado. Ayer
me preguntaron si un futbolista negro puede ser racista y si hay insultos
racistas entre negros. Les conté esta anécdota. Felipe Melo se peleó en un
amistoso ante el Málaga en 2007 siendo jugador del Almería. Su presidente le
preguntó por qué había perdido los nervios y el brasileño contestó. “Es que me ha dicho negro hijo de puta”.
Alfonso García le replica “pues haberle
dicho tú, blanco hijo de puta”. Un compañero, atento a la conversación,
interrumpe: “pero si el que le ha dicho
eso, presi, es más negro que Felipe”.