viernes, 24 de enero de 2014

El último "charco" de Anelka

El último charco de Anelka

Los símbolos neonazis se asocian a los radicales que exhiben pancartas y banderas y apuntamos a los ultras cuando hay insultos o cánticos racistas. Se suele encontrar al culpable en la grada pero, a veces, el futbolista no es la víctima y sí el agitador como en el caso de Anelka. Por ejemplo, Di Canio celebró su gol ante la Roma haciendo el saludo nazi en un gesto cómplice con los radicales de la Lazio en 2005. Una provocación que repitió al año siguiente en Livorno; Mauro Zárate le imitó en un partido ante el Bari y fue sancionado con 10.000 euros; Christian Abbiati, ex portero del Atlético, confesó en La Gazzeta dello Sport su simpatía por el fascismo. En Italia, por tanto, el asunto les suena.
El gesto de Anelka menos explícito se presta a interpretaciones hasta que un comité ha determinado que es una “quenelle”, símbolo antisemita que se ha castigado con una sanción de cinco partidos. Anelka no se disculpa, insiste que no es racista y ha encontrado un aliado, el presidente del Consejo de Representantes de las Comunidades Judías Francesas, Roger Cukierman, que dice que si el gesto no se hace delante de una sinagoga o un monumento al Holocausto no es delito. Le haría dos preguntas al experto francés ¿qué necesidad hay de herir susceptibilidades cuando los jugadores son un espejo donde se miran los niños que absorben lo que ven en sus ídolos, lo bueno y lo malo? y ¿por qué la gravedad radica en el lugar donde se haga el gesto? Nicolás es dudoso, es un especialista en meterse en charcos no es la primera sanción ni su última polémica.
Ya saben que la cruzada contra el racismo en la Premier es una realidad, que se lo digan a Luis Suárez o John Terry. Los ingleses no son más listos ni más buenos, simplemente sufrieron mucho antes el problema y en consecuencia, antes se pusieron a trabajar para combatirlo. Y la sanción ejemplar es una de las medidas más efectivas y la FA lo lleva a rajatabla. Hay que subrayar que Anelka no ha encontrado tanto consuelo en su país y la ministra Valerie Fourneyron lo calificó como “provocación asquerosa” y lejos de disculpar al internacional francés ha convertido la “quenelle” en un asunto de Estado. Ayer me preguntaron si un futbolista negro puede ser racista y si hay insultos racistas entre negros. Les conté esta anécdota. Felipe Melo se peleó en un amistoso ante el Málaga en 2007 siendo jugador del Almería. Su presidente le preguntó por qué había perdido los nervios y el brasileño contestó. “Es que me ha dicho negro hijo de puta”. Alfonso García le replica “pues haberle dicho tú, blanco hijo de puta”. Un compañero, atento a la conversación, interrumpe: “pero si el que le ha dicho eso, presi, es más negro que Felipe”.



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