domingo, 15 de enero de 2012

LIGA ITALIANA (CALCIO)

Italia siempre ha estado muy vinculada al fútbol español, sobre todo, por afinidad latina. Durante décadas se han considerado como las dos ligas más fuertes de todo el mundo. En los últimos años, la Premier se ha sumado a este reconocimiento y ya está considerada al mismo nivel que las otras dos.

 Tradicionalmente, Italia ha contado con los mejores jugadores del mundo, repartidos por sus equipos más representativos. Por extensión, este dato avala que clubes tan importantes como Milán, Inter o Juventus, máximos favoritos a ganar la liga italiana (Scudetto), tengan tantos títulos internacionales. Si lo extrapolamos a España vendrían a ser el Real Madrid o el F. C. Barcelona por historial, palmarés y presupuesto. Sin embargo, la liga italiana ha sufrido de manera reciente un retroceso respecto a la española e inglesa. Los escándalos de adulteración de la competición por trampas mafiosas ligadas al fútbol (compra-venta de partidos, apuestas ilegales, etc.) han manchado la vitola prestigiosa del Calcio aunque continúa en un escalafón de máximo nivel competitivo a nivel mundial. 

El fútbol italiano ha vivido episodios dramáticos en los últimos tiempos por razones de violencia y racismo. Se puede decir, sin temor a equivocarnos, que el racismo ha castigado más al Calcio que a otras ligas como la española. Algunas hinchadas radicales, como la de la Lazio, se han ganado la repulsa del fútbol internacional por algunos episodios que veremos. 

Un reciente estudio corrobora que el racismo en el Calcio alcanza cotas elevadas, por encima de la mayoría de otras ligas. En concreto 134 episodios racistas están recogidos en 2007, según el informe elaborado por el Observatorio sobre el racismo y el antirracismo, promovido por la Asociación Cultural Panafricana. Esta estadística corresponde a las temporadas 2005/06 y parte de la 2006/07. Entre los datos obtenidos se destaca que los clubes han gastado en multas más de 600.000 euros. Se aportan otras conclusiones en función de la tipología de insultos racistas. “De los 134 episodios racistas, 33 fueron por exhibición de pancartas de dicho cariz, 45 fueron los equipos que han visto cómo al menos uno de sus jugadores era insultado con el clásico “buu”, y 42 las aficiones de equipos que en las dos últimas campañas han sido responsables de dichos episodios”.[1]


Por otra parte, Italia está a la cabeza en medidas de seguridad en los estadios y tiene una legislación específica para la violencia en sus gradas. Por ejemplo, además del uso de tornos y vídeo vigilancia de seguridad, en la entrada debe ir incluida el nombre del comprador y el número de asiento para facilitar las tareas de identificación de los tifosi. Sin embargo, estas novedades no han impedido episodios de violencia o racismo que incluso se han cobrado víctimas mortales.


[1] “134 episodios racistas en dos años”. Marca, 29 octubre de 2007.
[Consultado versión electrónica en: http://archivo.marca.com/edicion/marca/futbol/internacional/es/desarrollo/1051695.html , fecha de consulta: 12/2/2010]

sábado, 3 de diciembre de 2011

ADIÓS AL APARTHEID GRACIAS A MANDELA Y AL RUGBY

Nelson Mandela (Mvezo, Sudáfrica, 1918). El deporte en sí no deja de ser un guiño a lo que fue el paso definitivo de la desaparición del Apartheid gracias a un simple encuentro de rugby. El escritor John Carlin (Londres, 1956) en El factor humano ya lo deja claro en su subtítulo: “Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación”. El fútbol era el deporte de los negros y el rugby de los blancos. En la final del Mundial de Sudáfrica (1995) los anfitriones, ante la gran favorita Nueva Zelanda, sólo tenían un jugador negro, Chester Williams (Paarl, 1970) mientras que el 90% de la población eran negros.Hasta esa fecha, los aficionados negros celebraban las derrotas de su selección de rugby mientras jugaban al fútbol, su deporte preferido. Mandela logra que, “los 43 millones de sudafricanos, blancos, negros y de todos los matices, compartían la misma aspiración: la victoria de su equipo, los Springboks”.[1] El 95% de los espectadores eran blancos y el presidente negro. Un gesto simbólico que cambiará el país: se podía interpretar como una provocación, se exponía a un atentado y un resultado negativo podría empeorar la situación del país.

Durante sus años de cautiverio, Mandela ya había utilizado estratégicamente el rugby para acercarse a sus enemigos que estaban en el poder e ir ganando terreno. Se hizo aficionado a este deporte por intereses políticos y le dio resultado. Aquel partido era una prueba de fuego, todo cargado de un simbolismo que podía herir la sensibilidad de unos y de otros, a razón de su color de piel. Con las connotaciones políticas tan marcadas cualquier detalle podía desencadenar una nueva tormenta política.

Se puede asegurar que nunca hubo un partido en ningún deporte que tuviera un influjo tan importante contra el racismo. Es el mejor ejemplo de cómo el deporte puede unir a blancos y negros. Aquella final de la Copa del Mundo de Sudáfrica (1995) fue la prueba definitiva de la desaparición del Apartheid después de 50 años de odio racial, gracias a la capacidad de Mandela de seducir al “enemigo” blanco, utilizando su deporte preferido, para sellar la paz con su pueblo negro. Lo consiguió llegando al corazón de los sudafricanos a través del deporte y es que fundirse en abrazos, blancos y negros, era algo impensable meses atrás. Un milagro posible gracias a un partido de rugby.




[1] John CARLIN: El factor humano. Barcelona: Seix Barral, 2009, p. 23.

viernes, 21 de octubre de 2011

REALIDAD SOCIAL

En un mundo que avanza a pasos agigantados, el racismo, por desgracia, sigue estando de indudable actualidad. Resulta increíble que países que presumen de una democracia consolidada, avances tecnológicos vertiginosos y políticas sociales vanguardistas, sigan sufriendo brotes de racismo típico de otras épocas, frecuentes en civilizaciones atrasadas y más propias de películas de ficción. No es un fenómeno asociado a culturas subdesarrolladas. La realidad demuestra que en la sociedad actual y en países europeos, entre ellos España, hay ejemplos evidentes de discriminación y comportamientos incívicos simplemente por el color de la piel de un ciudadano. El deporte en general y el fútbol en particular no es ajeno a esta tesitura. Lo que en un principio parece una anécdota aislada y excepcional se puede convertir en un fenómeno peligroso que hay que frenar de raíz.

Lo peor del racismo en el fútbol es que ese caudal de agresiones verbales o físicas contribuye poderosamente a engrasar la máquina que hace que funcione bien el inmenso capital de la violencia simbólica. Algo que hace que esas situaciones indeseables se conviertan en signos sociales necesitados de una adecuada sanción para lograr un oportuno efecto que sea útil ante el conjunto de la sociedad y especialmente ante los aficionados y en particular a los niños y los más jóvenes.